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UN CUENTILLO VIEJOvie 21 de septiembre, 2007 - 15:12 Estado de ánimo: CansadoSeguridad de esta entrada: PUBLICO No me quiero quedar atrás y republico uno de mis cuentitos favoritos, creo ya alguna vez lo puse en el pollo. Espero les guste. YOU CAN’T ALWAYS GET WHAT YOU WANT Viajando como todos los días rumbo al trabajo, Erick se detuvo frente al kiosko de revistas, para mirar los titulares de los diarios; ahí estaban las mismas caras de siempre, diciendo las mismas sandeces de siempre. Erick no alcanzaba a comprender porqué el mundo de los diarios y el suyo no se parecían en nada. Vestido con su gastado pantalón de percal gris (alguien le aseguró que era de fino casimir, el día que lo compró en aquel tianguis sabatino) la camisa que nueva era blanca y ahora parecía de un color más bien grisáceo como ostión y un saco que alguna vez tuvo mejores días, lamparoso y brillante, de un tono más cercano al gris rata que al oxford, Erick escudriñó primero en el diario deportivo, y después sus ojos se vieron atrapados por una visión embrujadora: en una revista una mujer rubia, de ojos verdes, le obsequiaba a Erick una mirada llena de deseo, de pasión incontrolable. Esa mujer lo perturbaba, si bien la había visto alguna vez (era cierta presentadora en uno de esos programas cómicos, donde habia un tipo listo de bigotito recortado, persiguiendo a esculturales actricitas, para sobarles la espalda con crema de masajear, mientras hacía chistes de mal gusto y les miraba las nalgas, para después pasar a una insulsa canción, cantada siempre por la revelación pop del momento, siempre en play-back, siempre aplaudida de pie y cerrar con la misma cancioncita estúpida: pom-pi-pom pi-pom-pom-pom) no podía recordar de dónde la conocía. Buscó en el bolsillo, y contó unas cuantas monedas, apenas traía lo justo para pagar la comida del día, más el colectivo de regreso, pero justamente, era el precio de la revista. Después de pensarlo un par de veces y decidir que comer era prioritario, Erick le entregó las monedas al del kiosko, a cambio de la rubia exuberante. ¡Ahh, que burro! ahora tendría que pedirle a Meche (la fea y gorda secretaria del jefe de contabilidad, aquella que una vez se emborrachó en la fiesta de fin de año en el trabajo, y al punto pedo le confesó a Erick su loco amor por él, para sólo recibir a cambio un fajecito y la promesa de llamarla después para salir, llamada que jamás llegó y que Meche nunca le perdonaría) que le prestara dinero de caja chica, aunque a decir verdad, no pensaba que tuviera éxito, total, nunca falta el que te suelte uno, dos pesos, si le argumentas alguna mentira bien urdida (fíjate mano, venía yo en el colectivo y de repente, ¡zas! que siento un madrazo y que me empujan y que crees, wey, ¡me sacaron la cartera! -pss cuaaal wey si ni a cartera llegas, pinche jodido – neta carnal, te lo juro por mi madrecita santa que esta en el cielo que me dejaron sin varo, ándale, hazme el paro y mañana te pago, ¿sí sí sí?) y así sacar un día más la carencia a flote, comer por ahí un par de tacos y un chesco, nomás pa entretener la solitaria, y poder ver, en la intimidad del baño a la güerita chula, mira nomás que nalgotas, y esa boquita, me cae que se merece unos jalones, si mi vieja estuviera la décima parte de buena… No alcanzó a pensar nada más. Mientras miraba la revista, no se fijó que venía el trolebús. La revista voló por los aires, mientras Raquel (así se llamaba la espectacular rubia) mostraba sus encantos en las páginas 58 a 62 y en el puesto de discos piratas sonaba la rola de los Rolling Stones “You Can’t Always Get What You Want”... [ Enlace | Sin comentarios :'( ] del.icio.us Estrella este post
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